Mi cuerpo ha cedido,
tengo marcas, líneas o anillos,
es la consecuencia de portar vida;
estoy muy bella,
o de coraza áspera
y estando áspera soy muy bella.
Si me abrazan mucho suelto savia
si me dañan suelto savia
cada tanto, de mí fluye savia.
De mi salen frutos,
es imperativo proteger la vida;
debo eliminar ramas o frutos de mí,
es imperativo proteger la vida,
la mía.
No me pueden hacer mover,
sino es haciéndole daño;
para dañar no se necesita mucho
una pesada barra de acero,
una sierra eléctrica bien aceitada,
o un par de palabras.
Si leen esto es
porque seré un árbol
si estoy muerta es porque fui un árbol
si van a leer esto es porque estoy árbol
Arnold 🐘 [AlterEgo de chica con pocas hojas]
martes, 30 de enero de 2024
Testamento arbóreo
miércoles, 17 de enero de 2024
Equivocarse (conflicto entre el fondo y la forma)
Dije que nos veríamos haya;
frunciste el ceño para invalidarme.
Te escribí para invitarte,
para decirte que sinos veíamos hay,
donde siempre.
Te reíste.
La última vez con insistencia,
quería sorprenderte.
Te dejé un mensaje para decirte,
Que sinos íbamos haber.
No aguantaste más,
me corregiste con saña;
dijiste que estaba equivocado,
que debía escribir bien.
No encontraba el error
hasta que espabilé y te lo dije;
abriste los ojos, asentiste y exclamaste:
allá, ahí, a ver.
También exclamé:
hasta aquí vamos.
Mientras te regocijabas en el acierto.
Yo me regocijaba en nuestra terminación.
Arnold 🐘 [AlterEgo de aún no sabes que terminamos]
Texto queloide :|: o cómo comprender la polisemia en la expresión reparar
Tomo una pausa para repararme;
Puedo compararme con una cebolla, con la tierra o con el armario de un súper héroe.
Aún así, es improbable generar una impresión de mí a partir de las capas;
Puedo dejar un picor en boca cuando estoy roja,
puedo hacer que muerdan el césped cuando me subestiman,
puedo atemorizar sin siquiera hacer notar mis poderes.
De igual manera, tomo una pausa para repararme;
para compararme con una canción de Pedro Guerra, Martha Gómez o de Piero.
Puedo ser una canción agitada y convulsionada de emociones;
puedo ser una canción de cuna que calma,
puedo ser una canción pegada que excita,
puedo ser una canción bohemia que embriaga.
Sin embargo, tomo una pausa para repararme;
para vestirme.
Para limpiar las heridas sucias de la vida;
las que dejan marcas visibles,
las que dejan marcas dolorosas.
Aquellas que el mar de la vida no permite borrar las huellas de mi propia arena.
Y a pesar de todo, tomo una pausa para repararme;
para desvestirme.
Para contemplar la tersura de mis piernas,
lo cálidas que son,
su resistencia para no dar marcha atrás,
lo fuertes que son sobre la tierra.
Siendo obstinada, tomo una pausa para repararme;
Para disfrutar cada susurro que recorra mi espalda;
para dejarme llevar con la más mínima señal.
Dejarme ir, sin juicios, taras y peros;
imaginarla curveada, retorcida, contraída de placer;
disfrutarla desnuda, vestida, limpia y sucia, húmeda o árida.
Tomo una pausa para repararme;
Repararme; es decir, para observar al interior de cada tobillo,
Una línea vertical acompañada de 2 o 3 puntos a los lados,
Y maravillarme con mi belleza.
Repararme; es decir, enmendar o arreglar,
culpas que no son mías; culpas que me atribuyo y que no merezco.
Para repararme,
Basta el fuego que contengo para dar calor;
dar calor de placer hasta el éxtasis,
dar calor para proteger a los que amo con intensidad.
Para repararme,
me basto consigo misma,
mis dolores, mis amores, mis historias;
no hay frío suficiente que siquiera opaque,
el brillo fulgurante de mis ojos.
Arnold 🐘 [AlterEgo de Jack frost con hipotermia]
viernes, 12 de enero de 2024
Perdón y pulsión
Andrés
consideraba que después de los 24 la vida no valía la pena ser vivida.
Algunos,
encuentran más viable la implosión; unos se valdrían de cuerdas, líquidos o
pastillas. Otros, más sádicos, acudirían a series sosas, falsos amores o libros
de autoayuda.
Otra porción,
saciaría su dolor en la comida, en excesos repulsivos y mecánicos. La comida
rápida, entendida como unas papas fritas, una hora laboral de más o el sexo
fortuito.
También están
los que encuentran en la inmolación una forma de acabar con su sufrimiento: Desde una misa
de 6 a.m. en Bogotá, hasta un encuentro fortuito en una plaza como la Guyana
con Jim Jones; en ambas alternativas, el procedimiento consta de darle a otros
el control remoto.
Sin embargo, la inmolación como método merece más comprensión, que reducirla a una acción estrepitosa. Hay quienes se han dedicado a construir la inmolación como su proyecto de vida; le han dado poder a otras formas más o menos deprimentes, para sujetar sus propios hilos. Los más ávidos de sangre optan por el seppuku. Desde hacer un pequeño corte en el abdomen para dar vida, sajar una porción del estómago para dar placer al benefactor que le dobla en edad o hacer un corte perfecto de carne magra en muñecas o muslos, para enmascarar un dolor más intenso.
En otra categoría están los kamikaze, quienes deciden invertir su control de impulsos en abrazar con violencia la vida; la propia y la de otros. En la mayoría de los casos acaba en un fuerte dolor de cabeza que no se percibe, pero que por los restos que deja se deduce dicho dolor como sucedió con Kurt en los 90; en los escenarios más comunes, personas de barba espesa y de lenguaje inteligible para los occidentales, toman por opción estallar de felicidad con literalidad (la felicidad era opcional).
Así las cosas, para hacer de las opciones oportunidades de alta probabilidad, que seduzcan a quienes así lo quisieran leer, son efectivas las formas más inverosímiles por su concreción. Desde un accidente cerebral por hurgar la nariz con el índice, una parálisis por latigazo al estornudar sin flexionar el antebrazo o el abrochar un grillete al cuello del pie y lanzarlo al fondo del mar. Muchos negarán el último, pero viven ahogados, perdiendo progresivamente la capacidad de respirar, flotando en sus desgracias y propias lágrimas.
Si vale la pena
acabar con el sufrimiento sea cual sea este, con o sin asistencia; no habrá
elemento, método o consejo que ayude a tal fin. Por lo pronto, sólo resta
conformarse con la miseria de contemplar por dos ventanas, aquello que no
hiciste y aquello que quisieras hacer; esto, ignorando la tercer ventana que te
muestra lo que dejas de hacer en este momento.
Sin embargo, no
hay que dejar de escandalizarse en los escenarios relevantes; no cuando alguien
se vuela el parasol con un revólver, se sumerge en una tina con un coctel que
mezcla limón, tequila y un cable conectado a la toma con su extremo expuesto,
en contacto con el agua (ah sí, y un poco de sal) o quien hace un combo entre
cuerda, medicamento y raticida. Hay que escandalizarse con vehemencia cuando de
una boca se escapa un: estaba desmotivado, pues no hay mayor motivación en
ambas pulsiones.
Arnold 🐘 [AlterEgo de Eros y Tánatos]
miércoles, 10 de enero de 2024
519 - Balcón suicida para gatos
(Versión post confesión)
Se siente intensamente triste; empezaba a interrogarse a partir del más ligero pensamiento.
Como la espuma de su cerveza, su interés de hablar se diluía.
Se impregnó de miedo y ansiedad.
Estaba intranquilo; horrorizado y calmo a la vez.
Era mar; uno de esos suaves que reproducía olas con pequeñas crestas que golpeaban con violencia en el muelle.
Así eran sus pensamientos; fluían tranquilamente, pero golpeaban con rabia en su cabeza.
Golpeaban tan duro que al chocar con la esclera, quien estableciese contacto visual podía ver en sus ojos un tanto de lo que pensaba.
Cuando rebozaba en cavilaciones densas, estas se derretían convirtiéndose en lágrimas.
Quería decir mucho. Quería decirle todo. Quería hacerle saber que sabía de su existencia antes de saberle viva (aún sabiéndole los labios y lo que ellos sabían en un contexto improbable de posibilidad).
Pensaba para sí, en off; lloraba hacia adentro.
Un día resuelto decidió decirle aquello atravesado en su garganta.
Todo lo que pensaba y sentía, lo tenía en la punta de la lengua. Al encontrarle para decirle, el brillo de su reflejo le nubló. Fue tanta la sorpresa que soltó lo que tenia, se tragó sus palabras, se atragantó, murió.
Ahora muerto en vida se arrepiente de no decirle (aunque ya lo sabe); deambula en sus propios sueños, se ahoga. Decidió callarse para ser un tributo a la fatal incertidumbre.
Almibar
Estrella
Y cada vez que me fui acercando, más me paralizaba tu luz; fulgurante e incandescente. Y cuando me acerqué para verte de cerca lo notaste; t...
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