(Versión post confesión)
Se siente intensamente triste; empezaba a interrogarse a partir del más ligero pensamiento.
Como la espuma de su cerveza, su interés de hablar se diluía.
Se impregnó de miedo y ansiedad.
Estaba intranquilo; horrorizado y calmo a la vez.
Era mar; uno de esos suaves que reproducía olas con pequeñas crestas que golpeaban con violencia en el muelle.
Así eran sus pensamientos; fluían tranquilamente, pero golpeaban con rabia en su cabeza.
Golpeaban tan duro que al chocar con la esclera, quien estableciese contacto visual podía ver en sus ojos un tanto de lo que pensaba.
Cuando rebozaba en cavilaciones densas, estas se derretían convirtiéndose en lágrimas.
Quería decir mucho. Quería decirle todo. Quería hacerle saber que sabía de su existencia antes de saberle viva (aún sabiéndole los labios y lo que ellos sabían en un contexto improbable de posibilidad).
Pensaba para sí, en off; lloraba hacia adentro.
Un día resuelto decidió decirle aquello atravesado en su garganta.
Todo lo que pensaba y sentía, lo tenía en la punta de la lengua. Al encontrarle para decirle, el brillo de su reflejo le nubló. Fue tanta la sorpresa que soltó lo que tenia, se tragó sus palabras, se atragantó, murió.
Ahora muerto en vida se arrepiente de no decirle (aunque ya lo sabe); deambula en sus propios sueños, se ahoga. Decidió callarse para ser un tributo a la fatal incertidumbre.
miércoles, 10 de enero de 2024
519 - Balcón suicida para gatos
Arnold 🐘 y 🐱 [AlterEgo de gatofante en Robledo]
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