paradójicamente su mirada lasciva me intimidaba;
No tenía reparo alguno en correr riesgos.
Mordí un pellejo suelto que pendía de mi labio;
Llegó el mesero con nuestros platos.
Mientras pasaba mi lengua para limpiar el pequeño brote de sangre.
El trastornado Vlad Tepes -así me pidió que le llamara-, fijó su mirada intensa antes de saciarse.
No alcancé a pinchar la pieza de falafel, cuando él, voraz, se abalanzó;
le bastaron cinco segundos para acabar con ese corte de bifé en término azul.
A mí también cinco para acabar con ese patán que no respetó mi veganismo.
Arnold 🐘 [AlterEgo bien asado]
No hay comentarios:
Publicar un comentario