de cabeza gacha y sollozando.
Detestando cada rincón, cada pliegue;
odiando cada curva, cada forma, cada silueta.
Desdeñando la propia humanidad, deseando no vivir más por correr con la ruin suerte de carecer de belleza.
De esa belleza que ocupa atención, de esa apariencia que favorece atajos; en un mundo donde ser feo no era opción.
Aquí el argumento no se desestima con falacias superficiales y los paradójicos juicios de valor sobre afirmaciones que precisan que lo importante va por dentro.
La desventaja era real y no una suposición; ser feo era lo de menos, lo imperdonable es la ignorancia; esa ignorancia que llevó al abismo a aquél que nunca observó su belleza sino que la limitó a la pobre y distorsionada proyección que daba el espejo.
El espejo jamás se rompió, pero la baranda a esa altura era un deseo difícil de resistir.
Arnold 🐘 [AlterEgo en construcción]
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