Érase una vez una mano que se encontró una pequeña barra de chocolate.
Al primer encuentro la mano quedó encantada con los colores de la envoltura. Con el índice y el pulgar, haciendo presión en un borde, empezaron a halar; querían ver más.
Una vez abierta la envoltura, el dedo del medio empezó a irrigar más sangre y pensó que estaba enamorado, mientras contemplaba con deseo el color de la barra y los olores que aquella desprendía.
Mientras que la barra se volvía ligeramente blanda, el anular contempló la idea de casarse, toda vez que el menique consideró desistir al no estar a la altura de semejante manjar.
Y en ese prolongado instante de decidir, apareció la mano izquierda y a mano llena tomó el chocolate, que aplastado y mezclado por la lengua, se diluyó entre la saliva y el suspiro de satisfacción, en presencia de las lágrimas traducidas en sudor de una mano derecha que no quiso dar el segundo paso.
Arnold 🐘 [AlterEgo kinestésico-diabético]
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