No lo voy a negar; era tan guapo que con dificultad podría sostener la mirada con él.
Un pelo brillante, bien aliñado. Su tez como de miel con 15 pecas perfectamente distribuidas: 8 y 7 en cada cachete; parecían estrellas cuando sonreía y sonreír era un regalo para ofrecernos un pedazo de cielo.
Sus manos, como talladas por un artista del renacimiento; no tenía un cuerpo de gimnasio, pero cuando ponía sus manos en la cintura y hacía de "jarrita", más de uno o de una hubiese querido ser vaso para sentirse servido.
Ese bombón que les describo es el que trasnocha a media población por la que transitamos todos los días. Aún no entiendo porqué me acuesto con él; todo ese resplandor que se opaca cuando se acomoda las güevas en público; cuando emite un sonido al comer con la boca abierta que parece radio mal sintonizada. Este don Juan que desencanta por olerse los dedos después de rascarse el fundillo.
8 años apegada a sus actos estúpidos; a escucharle mal hablado a dar cátedra de vida; a ver cómo interviene en la vida de otros insultando y provocando. Escucharlo asediándome porque insiste en sacarme cría.
No salgo del asombro con tanta estupidez; sólo me mantiene el amor porque siempre se interesa por mí: me calla cuando hablo de más o me golpea un poco para corregirme (y se esfuerza para no dejar marca).
Esos son los detalles que me aferran a él; pero su estupidez me preocupa y temo porque algún día se me pegue.
Arnold 🐘 [AlterEgo en construcción]
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